Mi Caracazo

Habían pasado varios días de ansiedad. ¡Finalmente llegó el lunes 27 de febrero! Ya tenía preparado lo que llevaría para el inicio de mi nueva vida en Caracas.

Todo estaba planeado para empezar a trabajar en el taller de costura de la prima de mi mamá, allí estaban trabajando desde hace dos años mi primo y mi hermana mayor. La costura ha sido parte de la habilidad familiar. Es poco importante si te gusta coser o no, de tanto convivir entre telas y máquinas de coser, igual aprendes a hacerlo sin darte cuenta.

Así que con mis escasos diecisiete años, me levanté de madrugada, tomé la gran emoción que sentía por empezar a trabajar, puse mi cédula de identidad en el bolsillo y agarré el bolso que tenía preparado con mi poca ropa y el valor justo de los pasajes. Me fuí al terminal de autobuses.

Afortunadamente ese día el autobús no se accidentó ni encontramos mucho tráfico. Traté de disfrutar el trayecto, cantando las canciones de Rocio Durcal y Juan Gabriel que me acompañaron durante todo el viaje. No era la primera vez que iba a Caracas, pero si era la primera vez que viajaba solo. Era emocionante pensar que ya estaba grande.

Llegué a Caracas, tras aproximadamente tres horas desde Valencia hasta la ciudad capital. Para esos días el terminal de pasajeros quedaba en el “Nuevo Circo de Caracas” y desde allí debía caminar unas siete u ocho cuadras para llegar a “La Candelaria” y el lugar que sería mi trabajo. 

¡Caracas en 1989 era una ciudad impresionante! con grandes autopistas, altos edificios, mucho tráfico y con personas de diversas razas y nacionalidades. Se apreciaba por todas partes su dinamismo y alegría. Nadie estaba pendiente de nadie, cada quien iba en lo suyo. Muy distinto a mi ciudad, donde todo parecía ir en cámara lenta comparado con este acelerado ritmo de vida.

Al llegar alrededor de las nueve de la mañana, me recibieron de inmediato con un amable y cariñoso saludo. Me dieron un rápido recorrido por el lugar y me asignaron de inmediato mis primeras actividades. Empecé cortando y organizando las piezas, que como “chorizos” salían sin parar de las máquinas de coser. Regularmente todos guardaban silencio, sobre todo al momento de las novelas radiales, no se perdían ni en segundo de sus historias. En esos días descubrí lo fascinante de las imágenes que uno puede crear en la imaginación. 

El día transcurrió lento y pesado, no sabía dónde ponerme ni exactamente qué hacer. Todo lo hacía super rápido y una o otra vez tenía que preguntar ¿Qué hago ahora?. 

Así llegó el fin de la jornada y el momento de ir a descansar. Mi hermana, nuestro primo y yo, nos fuimos caminando unas cuatro cuadras hasta la casa de nuestra tía, la hermana de mi mamá, que también vivía en Caracas y tenía un taller de costura. 

Ese trayecto fue aún más impactante que el de la mañana. Si bien se me hizo extraño ver a un hombre cargando una res entera en su espalda, por plena Avenida Urdaneta, y a otras que llevaban televisores o neveras, para mí todo era extraño. 

Algunas personas por las calles hablaban que empezaron los saqueos en la ciudad. La verdad no sabía qué significaba esa palabra, nunca la había escuchado. Imaginaba que era algo así como que, solo por ese día te daban una especie de crédito a cuotas y tenias la oportunidad de llevarte lo que quisieras, para pagarlo después. Entonces la gente aprovechaba para llevarse todo lo que pudiera.

En fin, todo era tan extraño para mi, que nada me parecía que estuviese fuera de lugar. Así llegamos a casa de mi tía y luego de saludar y conversar por un rato nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, una vez levantados para salir temprano a trabajar, nos enteramos por las noticias de Radio Rumbos, de todo lo que había estado pasando. No podíamos ir a trabajar nos dijo la tía. Desde la tarde anterior habían empezado revueltas y saqueos en “Guarenas”, una ciudad satélite o dormitorio cercana a Caracas, y poco a poco se fueron esparciendo las manifestaciones por toda la zona metropolitana. 

Se decía que todo empezó por el descontento del pueblo por el anuncio de “El paquetazo económico”, como llamaban todos al conjunto de medidas económicas que recientemente había anunciado el Presidente Carlos Andres Pérez, como “El Gran Viraje”.

Muy poco entendía yo de eso durante aquellos días. Parecía que iban a aumentar la gasolina y los pasajes, entre otras cosas, pero mi interés era ir a saquear una guitarra acústica para pagarla por partes. ¡Siempre había querido aprender a tocar guitarra! Por su parte mi primo quería un órgano eléctrico y escuchamos que en una tienda que instrumentos musicales que estaba por “San Bernardino” había saqueos y las personas se estaban llevando todo.

Así que los tres nos fuimos hasta allá. Solo hasta ese momento empezamos a entender todo. Esa y todas las tiendas que encontrábamos a nuestro paso estaban completamente destruidas, había vidrios rotos, sangre en los pisos, personas heridas por las calles  y otras llorando frente a los establecimientos. Se escuchaba el ruido de las sirenas de policía que se escuchaban por todas partes y que se sentían cada vez más cerca. Empezaron a escucharse disparos y gritos. No sabíamos qué hacer, más que escondernos o tratar de huir.

Hicimos ambas cosas, estábamos aterrados. Logramos escabullirnos por entre los callejones de “La Candelaria” hasta llegar sanos y salvos al apartamento de la tía. Tuvimos suerte.

A partir de allí empezamos a ver cómo todo sería diferente. Caracas seguiría siendo para mi un ciudad impresionante y efectivamente ese día quedó registrado para mí como el principio de una nueva vida.

Autor:            Néstor León

Fecha:         27 y 28 de febrero de 1989

Evento histórico:     Caracazo

Voz narrativa:        1era persona

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