Reflexiones de un desconocido – Canal de Youtube


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Viajando la imaginación


Leer un libro tiene el mismo efecto en mi imaginación que el emprender un nuevo viaje o trasladarme a otra dimensión con mi imaginación.

Desde el mismo instante en que le ponen el sello a ese librito que certifica mi identidad internacional, se activa un proceso de metamorfosis de todo lo que me rodea, igual que cuando hago la selección al azar de esa breve lectura que le doy a un libro cuando quiero identificar si me voy a enganchar con la lectura.

Esa sensación cerebral es comparable con el paso por inmigración. Al principio sientes como llegan a tus oídos acentos extraños con tonos de voces diferentes, para luego notar diferencias en el comportamiento de las personas y reconocer palabras que nunca antes habías escuchado

Leer, así como viajar es para mi como emprender un viaje cultural y emotivo comparable a trasladarse a otra dimensión que transcurre al mismo tiempo, pero donde todo tiene otras prioridades, otras preocupaciones y la gente se comporta, habla y se emociona por cosas diferentes.

Independientemente de las similitudes que puedan existir con tu dimensión habitual, tu país o tu vida real,  en ese espacio paralelo los paisajes son diferentes y las ciudades pueden tener distintos colores; los olores son particulares y los sabores distintos no significan lo mismo.

Definitivamente me gusta viajar y leer, pero no siempre lo puedo hacer. Lo que si puedo hacer cada vez que quiera es viajar con mi imaginación. Tal vez tu haces lo mismo…¿Crees que sea posible que en esos viajes imaginarios dos personas se puedan conseguir?

Nalt. jun 17, 2011 7:51 p.m.

Cantando – Imaginando


Definitivamente yo no soy del tipo de personas que canta en el baño. Yo más bien aprovecho esos momentos para reflexionar y filosofar, pero lo que si hago es cantar mientras manejo.

Si, para mi entrar en mi auto, cerrar los vidrios, encender el aire acondicionado, arrancar y poner a sonar mi reproductor a full volumen, es como trasladarme a una cabina acústica donde inmediato me transformo en el artista que nunca he sido.

Al empezar a escuchar una tras otras las canciones que me gustan sean actuales o de mi época, me lanzo a cantar gesticulando apasionadamente cada una de ellas. Intentando cuidar cada detalle, principalmente la afinación y el sentimiento que debo transmitir con cada interpretación. En esos momentos no me importa si voy a 120 Km/h o estoy estacionado en una tranca en plena autopista. Allí mi prioridad es disfrutar la canción y cantarla como el mejor de los intérpretes.

Seguramente mi imagen debe verse ridícula o graciosa desde los automóviles cercanos, en esos momentos no me importa, pero reconozco que inicialmente me siento un poco inhibido cuando llevo a algún acompañante que no sea de mi entera confianza o no esté acostumbrado a mi extraña rutina de manejo. Aunque luego de un rato y sin darme cuenta termino invadido por la personalidad de artista frustrado que siempre emerge en esos casos, dominando a mi Yo conservador y tradicional.

Pero el asunto no termina allí, no es solo cantar. Al llegar al clímax de la primera representación musical, mi imaginación me hace viajar de inmediato a un musical de Broadway o a una escena específica de mi "Serie por temporadas personal" al mejor estilo de Glee, donde con la iluminación apropiada, el vestuario impecable y la decoración correcta se desarrollan las mejores escenas que me pueda imaginar.

Lo interesante de esos momentos, es que esté sonando una canción de Ricardo Arjona, Marc Anthony, Tiziano Ferro, la Quinta estación, RBD, Celia Cruz o la Hora Loca, siempre se suman al espectáculo los actores y actrices que participan en ese capítulo: cantando, bailando o simplemente desarrollando de forma impecable su papel.

Si te conozco, seguramente tú que estás leyendo ésta nota has participado más de una vez en una de esas obras musicales, pues seguramente habrás sido extra, reparto o coestrella en alguna de las temporadas de mi vida.

Hoy te estoy contando un secreto personal, del cual tal vez nunca me hagas mención, pero seguramente la próxima vez que me veas te preguntaras: ¿He participado yo en alguna de esas obras musicales?

La respuesta seguramente será: Si.

Pero no creo que te cuente en cual o cuan buena pudo ser tu interpretación.